En esta novela, Tatiana Goransky, una hechicera que acostumbra tender puentes entre mundos imposibles, conjura dos de sus confesables pasiones: el jazz y la narrativa, para entregarnos una partitura escrita con bemoles vertiginosos y silencios abismales, en la que los solos de cada instrumento conforman un todo armónico. La Cantante de Jazz aparece asesinada y únicamente un policía trompetista, el melancólico Martínez, puede adentrarse en ese hermético universo en el que los egos, las envidias, las pasiones, los odios, las culpas, las redenciones y los excesos flotan entre el humo atrapado en un oscuro antro, al sutil ritmo de la batería acariciada por la voz de la muerte. Goransky construye una deliciosa parodia del género policiaco con sonidos de trágica ironía y fraseos, echa mano de su profundo conocimiento del Jazz como expresión musical, como fenómeno social y como rito secular, para sumergirnos en u mundo en el que una mujer sola, muy sola, y agónica, nos habla desde ultratumba en medio de especulaciones, maledicencias, prejuicios, anatemas y amores frustrados.